POR: BERNABÉ ANDRADE RODRÍGUEZ,
PROFESOR UNIVERSITARIO
Esta es la colaboración para la revista EL CONGRESO DEL PACTO HISTÓRICO
Se viene comentando por estos días que el pacto histórico tiene que someterse a un proceso de formalización para poder participar en plenitud en las contiendas políticas que se avecinan. Ello demanda un proceso de afiliación de los militantes y simpatizantes (carnetización), la convocatoriA del congreso y la realización del mismo. Ese no es un simple proceso orientado a legalizar un instrumento. Se requiere para ello adoptar el ideario político, el cual permite que el congreso no se convierta en un simple evento de legalización instrumental.
La afiliación es necesaria para poder elegir o ser elegido, lo cual es aplicable para todos los cargos internos y de representación que se adopten. Este proceso ya se inició y llamamos a intensificar esa tarea. En cuanto el ideario, se vienen montando algunas comisiones de estudio, que no parecen tener una visión estratégica, sino más bien para darle salida a la coyuntura.
En estas notas, nos centramos más en la importancia que tiene la definición del ideario político, la cual se lleva a cabo actuando simultáneamente en dos ámbitos mutuamente complementarios: la actuación partidaria en sí y para sí.
La actuación partidaria en sí. Para un partido en formación como el Pacto Histórico, esta actuación tiene que ver con la adopción del ideario político y el ejercicio de la democracia en el desarrollo de la actuación partidaria.
La elaboración del ideario político, demanda a su vez el adelanto de tres actividades de manera simultánea. La adopción de los fundamentos políticos y filosóficos: principios, valores, compromiso ético y los objetivos a conseguir, los cuales son esenciales para darle al colectivo identidad y cohesión; la determinación de las formas de actuar (formas de lucha) y los instrumentos de lucha requeridos para desarrollar la unidad de acción (partidos, organizaciones gremiales y organizaciones sin ánimo de lucro).
Una vez creado el ideario político, los integrantes de la organización, desde la cúpula hasta la base, deben asimilarlo de manera consciente, ponerlo en práctica con mucho criterio, rigurosidad y un claro compromiso ético. De manera que sirva para concientizar, aglutinar y movilizar la población masivamente.
La democracia interna, tiene que ver con el ejercicio al interior de la organización de la misma a nivel jerárquico y transversal. Lo que implica que los militantes y adherentes de la organización tienen que tener plena conciencia de por qué existe la misma, de los fundamentos filosóficos que le son propios, de los objetivos que se propone alcanzar y de las formas de actuar. Así, la organización política adquiere “un poder político eficaz que se revela prácticamente, sobre todo, en el nombramiento, revocación y control de los dirigentes políticos” (Heller, 2010: 315).
De la manera complementaria, debe dejarse en claro la forma como se toman las decisiones en cada instancia, el alcance de las mismas y su puesta en práctica. Igual, se tienen que dejar establecido los requisitos para ser militantes, adherentes y allegados, lo cual permite filtrar la llegada de oportunistas y a veces disociadores; las formas de ingresar a la organización; las instancias en orden de jerarquía a las cuales pueden integrarse los recién llegados, teniendo en cuenta la formación política y el nivel de compromiso que tengan; la movilidad vertical entre las instancias; el manejo que se debe hacer de la información que internamente se produce; la manera como se resuelven los conflictos internos; la forma como se han de implementar las decisiones que de acuerdo con el nivel jerárquico establecido se adoptan y la manera de asumir individualmente y colectivamente las consecuencias que se deriven de las actuaciones partidistas.
Asimismo, debe hacerse explícito el reconocimiento de los deberes y derechos que le asisten a los integrantes de la organización y la aplicación del debido proceso en caso de controversias. Finalmente, se tiene que desarrollar una labor persistente de formación política, a la cual en nuestro medio las organizaciones populares le dan muy poca importancia. Los ítems anteriores, relacionados con la democracia interna, se suelen consignar en el denominado estatuto del partido. Al respecto, el Pacto tiene unos en funcionamiento, pero es muy insuficiente.
La actuación partidista para sí. Esta tiene que ver con la forma como la organización se relaciona con los integrantes no organizados de su propia clase social y los antagonistas. Lo cual es de vital importancia para la implementación del ideario político.
En el caso del relacionamiento con los integrantes no organizados de la clase que representa el partido, es necesario que, al llegar a ellos, los integrantes del partido expongan con claridad, precisión y de manera muy didáctica el ideario político en todos sus componentes, de modo que estos asimilen de manera consciente su contenido y lo apliquen. Si ese objetivo se cumple, el partido aumentará necesariamente su influencia en la base social que se propone organizar.
En referencia al trato que se debe dar a las personas y organizaciones que por principio defienden intereses antagónicos al partido, ese contacto se lleva a cabo en dos planos.
El trato que en términos personales y orgánicos se debe dar a los opositores debe ser decoroso y respetuoso a pesar del distanciamiento ideológico que se tenga. El buen trato permitirá que, en determinadas coyunturas, algunos de esos opositores puedan ser acercados como aliados temporales para alcanzar objetivos específicos en bien de la sociedad.
El relacionamiento en términos políticos e ideológicos que se debe dar con los opositores, si resulta ser álgido y muy antagónico, en virtud de la oposición de intereses que cada cual reivindica, dado que la clase dominante se opone agresivamente a que haya partidos que reivindiquen los intereses de los sectores populares. Esa oposición la concretan mediante el desarrollo de campañas mediáticas de destrucción de los fundamentos políticos y filosóficos que enarbolan las organizaciones populares y la destrucción moral y ética contra los militantes y simpatizantes de las organizaciones populares y si eso no es suficiente, se complementa con el encarcelamiento, el destierro, el asesinato y la desaparición forzada de los mismos. Si se tiene conciencia y claridad de la clase social hegemónica que se enfrenta, por más golpes que esta les aseste a las organizaciones populares, estas perseverarán en democratizarla, de lo contrario, esa organización terminará inmovilizada sin pena ni gloria
En la medida en que los partidos políticos representativos de los sectores populares tengan como guía el ideario político y hagan un buen ejercicio de la democracia interna, traten decorosamente a adversarios y confronten con decisión la clase dominante, ganarán el respaldo y reconocimiento de los sectores populares.
En esas circunstancias, el partido que represente con mayor objetividad y de la mejor manera los intereses de los sectores populares, podrá convertirse en el eje aglutinador de las diferentes fuerzas sociales que representan y, por lo tanto, en forjador del bloque de poder que se requiere para triunfar. Gramsci, citado por Dussel (2019), dice: “En un momento histórico hay una cierta organización social de sectores, de clases, de grupos que en alianza se transforman en un “bloque histórico en el poder” (53).
Bernabé Andrade Rodríguez
Economista de pregrado de la Fundación Universidad Autónoma de Colombia, magíster en ciencias económicas de la Universidad Nacional y estudios aprobados en el proceso del pensamiento social de América Latina, Universidad de Artes y Ciencias ARCIS de Chile. Además, profesor universitario.
