Escritor de Novela Arnoldo de los Santos Palacios Mosquera.
HOY PARÍS NO ES UNA FIESTA
Armando Orozco Tovar
Con Arnoldo Palacios, autor de “Las estrellas son negras”, estaba sobre su rostro París, donde residió casi toda su vida, ciudad que no conocí con su olor de pájaros y oleos como la recordaba Vidales, que estuvo joven en la década de finales del 20, estuvo estudiando en la Escuela de Altos Estudios de Paráis, cuando para una entrevista le pregunté cómo recordaba esta ciudad de artistas, narradores y poetas. Viendo yacente al escritor negro, en su barca definitiva, y con mi corazón desmigajado por la inútil sangre derramada ayer en varios lugares de la Ciudad Luz, pensé, que la hermosura del planeta no merece tanto dolor puesto, que está bueno ya, de tanto crimen sobre una humanidad indefensa.
Ernest Hemingway escribió: “Paris era una fiesta.”. Y digo yo: “París hoy no es una fiesta”. Porque Alá y los masacradores a su nombre, se proponen con sus explosiones y ametrallamientos indiscriminados, enviar a todos al Nirvana. Es la lucha de la ficción de un dios como la más alta expresión de la literatura fantástica, al decir de Borges. Un fantasma habitante en cerebros enfermos, que han hecho de sus mentes la morada de la muerte grosera, porque la mayoría de las muertes son limpias sin necesidades de justificaciones fanáticas teológicas.
En el rostro ya no negro, ni blanco, ni chocoano, ni parisino, ni de ficción ni de ficción o realidad de Arnoldo Palacios, a quien vi sólo dos veces rápidas en mi vida, estaba la calma de la serenidad, característica de un ser que en noventa y una vueltas de navegante alrededor del sol, supo desde su invalidez precoz, que la existencia valía cuando se descubría a tiempo el color de las estrellas.
II
Aquella noche en la Alianza Francesa de la carrera 3ra con Avenida 19, hacía rato que no veía a Arnoldo Palacios, desde cuando una tarde en su casa del barrio Santa Isabel de Bogotá, lo encontré en una silla de ruedas, porque muy joven padeció la parálisis infantil. ”No poliomielitis- dice- porque es una palabra muy elegante.” Nos volvimos a ver durante el lanzamiento de la segunda reedición por la editorial Intermedio de su novela: “La selva y la lluvia”, siendo la primera edición de hace 50 años en Moscú, URSS.
Cuando le pregunté si su enfermedad lo había hecho padecer, Arnoldo, dijo: que su enfermedad lo había favorecido porque al arrastrarse de niño por el suelo, aprendió a ver y oír de cerca el mundo que lo rodeaba.
Esa noche el escritor Chocoano (Certeguí-1924) era un duendecillo travieso con las palabras y la imaginación del recuerdo. Pareciéndome salido de la ficción de sus relatos. Al verlo por segunda vez, le recordé que hacía 47 años lo había conocido en su casa del barrio Santa Isabel de Bogotá, donde fui una tarde con la profesora Ana Rosa García Mayorca, residente en Colima –México, con la que viajó aquel tiempo al Chocó, y hermana de mi esposa la poeta María Isabel García Mayorca, reside en la ciudad Colima en México hace varios años.
Le pregunté si tenía dinero y me dijo, que el tiempo era el único capital que siempre había tenido, porque uno tiene la edad de lo que hace. Ya que cualquier trabajo, que no sea una vocación, se convierte en una actividad cruel y destructiva”. Preguntándole sobre su arribo a París, y de su supervivencia en la Ciudad Luz, respondió, que a comienzos de los años cincuenta había llegado a París en exilio voluntario, invitado al Congreso por la Paz en Varsovia, recordando, que una vez estando en el Congreso en Polonia, los compañeros con los que había ido, le pidieron que tomara la palabra a nombre de la delegación colombiana. Y tomándola denunció los horrores y crímenes contra el pueblo colombiano de la dictadura en el poder del conservador Laureano Gómez.”
También quisimos saber ¿cómo había podido sobrevivir en París sin dinero, y con aguacero como el poeta peruano Cesar Vallejo? -“No sé cómo sobreviví.” me dijo y añadió “-Creo que fue gracias a los amigos que me han favorecido siempre.” -¿Y en Colombia con su doble discriminación por ser negro y minusválido? “-Sí es cierto dijo: Colombia es un país sumamente discriminatorio y racista, pero fue allá en el viejo continente donde conocí verdaderamente gente blanca.”
La escritora chocoana Amalia Lú Posso Figueroa, al termino del lanzamiento de “la selva y la lluvia” ,contó que cuando era niña en Quibdó, veía cómo sus padres se ocultaban debajo de las sábanas con una vela encendida, para poder leer “Las estrellas son negras”, prohibida por los curas, afirmando era una novela maldita, una obra del diablo”.
Con ella Arnoldo Palacios fundó en 1949, la novela afrocolombiana.
Alegría de Pio 11/14/157 12.00 a.m
