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5 de marzo de 2026
Revista contorno judicial
Opinion

«LAS ESPINAS DE SAN VALENTIN» POR: CARLOS JOSE GUARNIZO tuve las espinas pero nada más” De la canción “Yo no lloro por llorar” De Diego Verdaguer Carlos José Guarnizo 14 de febrero día de San Valentín, día de los enamorados. Noche de copas y muchas, muchas flores. Leí en algún lado que el lenguaje de la naturaleza y en especial el de las flores son el más elevado y antiguo de la historia. Que incluso en estas épocas de inteligencia artificial, de predominio de silicio y algoritmos las rosas siguen siendo la forma más sublime y simbólica de expresar el amor. Como todo en el capitalismo hay un enorme negocio alrededor del amor. Las flores es uno de esos negocios. Según ASOCOLFLORES, Colombia es el segundo exportador de flores frescas cortadas del mundo, luego de Holanda, y el primer exportador a Estados Unidos. Las flores colombianas llegan a más de 100 países, algunos tan lejanos como Japón, Rusia o Australia. El gremio reporta que la industria genera anualmente 200 mil empleos formales, directos e indirectos. El 60% de los directos lo ocupan mujeres, en su mayoría cabezas de familia. Aportando el 25% del empleo formal rural femenino del país. En el año 2021, en plena pandemia, la industria tuvo un crecimiento del 22%. Cuando muchas empresas quebraban las flores aumentaron un tercio su producción y venta. Esto sumado a un peso devaluado constituía unas condiciones excepcionales que reportaron mayores lucros. Como si fuera poca la bonanza el gobierno nacional les dio subsidios a la nómina, pese las inmejorables condiciones del sector. Sin embargo, no todo son dividendos, besos y caricias. No todos los trabajadores del sector tienen contrato de trabajo. En consecuencia, no es cierto lo afirmado por el gremio que genera 200 mil empleos formales. No todos los trabajadores están cubiertos por la seguridad social. Luego, no es cierto que sean oficios formales. La mayoría de los trabajadores están precarizados, bien porque tienen contratos de trabajo a término fijo, bien porque están vinculados mediante el uso indebido de las empresas de servicios temporales. La organización DEFENS, junto con el Centro de Solidaridad, han develado el fraude empresarial a través de la creación de una pirámide de personerías jurídicas, que encubren la relación laboral con la empresa exportadora, quien es el verdadero empleador. Así se organiza la intermediación ilegal. Esta arquitectura societaria les permite burlar derechos laborales, al tiempo que consiente la evasión fiscal. Diseñan el proceso para que la producción de la flor en Colombia produzca pérdidas, luego la separan de la comercialización, operación que se hace en el extranjero. Del mismo negocio se venden así mismos para encubrir sus formidables utilidades. Nuestras indagaciones sobre la estructura de la industria nos indican que lo que en Colombia se transfiere por un dólar, en Estados Unidos se comercia por 14 dólares. Las flores se quedan en el exterior, las espinas en Colombia. Las ganancias en paraísos fiscales, las dolencias en los cuerpos de los trabajadores. Recientemente el presidente de Ascolflores manifestó su preocupación por la salud del sector floricultor, dijo que: “Hace un año la tasa estaba un 20% arriba, ahora está un 20% abajo y los costos han subido. Durante el 2023 el salario mínimo subió 16%, este año fue de 10%. Siempre se trata de aumentar la productividad, pero eso tiene un límite. Esa es la mayor preocupación para este año”. Mentiras, mentiras la industria de las flores siempre ha sido un muy buen negocio, lo era en 1991 cuando la tasa de cambio era de 693 pesos, lo es más hoy cuando el dólar cuesta 3.900 pesos. Pensar que los empresarios en general presagiaban la debacle, el fin de la economía colombiana porque el dólar superó la barrera de los 5.000 pesos. Palo porque bogas, palo porque no bogas. Quien los entiende? Las posibilidades de defensa de los operarios son débiles; dado que a esta organización fraudulenta del trabajo se añade la imposición generalizada de los pactos colectivos, que su abuso impide la organización en sindicatos. De nuestras pesquisas en el terreno advertimos que de los 200 mil trabajadores del sector, no hay más de 200 afiliados a las distintas organizaciones sindicales. Quienes tienen verdaderos problemas de salud son los trabajadores. Las enfermedades están a la orden del día. Un estudio de la Universidad Javeriana concluye que “Los hallazgos de esta investigación son similares a los reportados en otros estudios sobre condiciones laborales y sociosanitarias de trabajadoras de cultivos de flores en otros municipios de la Sabana de Bogotá y el oriente antioqueño. Todos tienen en común la percepción de que los estándares de rendimiento mediante los cuales se busca producir más en la misma unidad de tiempo, intensificándose la jornada y el ritmo de trabajo sin que el salario aumente, son parte “normal” de ser trabajadora del cultivo”. Hace 30 años la industria ocupaba 25 trabajadores por hectárea, hoy el gremio reporta 14 trabajadores por hectárea. Aunado al hecho que la productividad logra hoy mayor cantidad de flores por hectárea, el nivel de exigencia es mayor para los operarios, posturas forzadas, largas jornadas, sobre carga laboral, cambios abruptos de temperatura, derivando en un listado de enfermedades propias del negocio: intoxicación, dermatitis, problemas osteomusculares, etc. Según el mismo estudio: “En últimas, el cultivo define los ritmos vitales, esto es, los horarios y jornadas del trabajo; también el tiempo libre, las relaciones familiares y sociales, el trabajo en el hogar y, por supuesto, la salud de las trabajadoras. Una ‘corporalidad femenina enajenada’ de cuerpos envenenados, adoloridos y silenciados” Ante este desolador panorama con Horacio Guaraní “yo traigo el grito herido de mi pueblo no es culpa mía, no es culpa mía si no traigo flores”; canto con Joaquín Sabina “Yo no quiero, sembrar ni compartir; yo no quiero catorce de febrero, ni cumpleaños feliz; Yo no quiero calor de invernadero, Yo no quiero París con aguacero, Ni Venecia sin ti” Canto con Ismael Serrano Únete al grito de los cansados La vida fue un ensayo hasta ahora, Sal a la calle, salta las olas, Brilla en la tarde tu luz de aurora. Que el miedo cambie de bando, Que el precariado se haga visible, Que no se olviden de tu alegría, Que la tristeza, si es compartida Se vuelve rabia que cambia vidas

LAS ESPINAS DE SAN VALENTÍN

                                                                                             “Si he sembrado rosas

                                                                                                       tuve las espinas pero nada más”

De la canción “Yo no lloro por llorar”

De Diego Verdaguer

Carlos José Guarnizo

14 de febrero día de San Valentín, día de los enamorados. Noche de copas y muchas, muchas flores. Leí en algún lado que el lenguaje de la naturaleza y en especial el de las flores son el más elevado y antiguo de la historia. Que incluso en estas épocas de inteligencia artificial, de predominio de silicio y algoritmos las rosas siguen siendo la forma más sublime y simbólica de expresar el amor.

Como todo en el capitalismo hay un enorme negocio alrededor del amor. Las flores es uno de esos negocios. Según ASOCOLFLORES, Colombia es el segundo exportador de flores frescas cortadas del mundo, luego de Holanda, y el primer exportador a Estados Unidos. Las flores colombianas llegan a más de 100 países, algunos tan lejanos como Japón, Rusia o Australia. El gremio reporta que la industria genera anualmente 200 mil empleos formales, directos e indirectos. El 60% de los directos lo ocupan mujeres, en su mayoría cabezas de familia. Aportando el 25% del empleo formal rural femenino del país.

En el año 2021, en plena pandemia, la industria tuvo un crecimiento del 22%. Cuando muchas empresas quebraban las flores aumentaron un tercio su producción y venta. Esto sumado a un peso devaluado constituía unas condiciones excepcionales que reportaron mayores lucros. Como si fuera poca la bonanza el gobierno nacional les dio subsidios a la nómina, pese las inmejorables condiciones del sector.

Sin embargo, no todo son dividendos, besos y caricias.

No todos los trabajadores del sector tienen contrato de trabajo. En consecuencia, no es cierto lo afirmado por el gremio que genera 200 mil empleos formales. No todos los trabajadores están cubiertos por la seguridad social. Luego, no es cierto que sean oficios formales. La mayoría de los trabajadores están precarizados, bien porque tienen contratos de trabajo a término fijo, bien porque están vinculados mediante el uso indebido de las empresas de servicios temporales.

La organización DEFENS, junto con el Centro de Solidaridad, han develado el fraude empresarial a través de la creación de una pirámide de personerías jurídicas, que encubren la relación laboral con la empresa exportadora, quien es el verdadero empleador. Así se organiza la intermediación ilegal. Esta arquitectura societaria les permite burlar derechos laborales, al tiempo que consiente la evasión fiscal. Diseñan el proceso para que la producción de la flor en Colombia produzca pérdidas, luego la separan de la comercialización, operación que se hace en el extranjero. Del mismo negocio se venden así mismos para encubrir sus formidables utilidades. Nuestras indagaciones sobre la estructura de la industria nos indican que lo que en Colombia se transfiere por un dólar, en Estados Unidos se comercia por 14 dólares. Las flores se quedan en el exterior, las espinas en Colombia. Las ganancias en paraísos fiscales, las dolencias en los cuerpos de los trabajadores.

Recientemente el presidente de Ascolflores manifestó su preocupación por la salud del sector floricultor, dijo que: “Hace un año la tasa estaba un 20% arriba, ahora está un 20% abajo y los costos han subido. Durante el 2023 el salario mínimo subió 16%, este año fue de 10%. Siempre se trata de aumentar la productividad, pero eso tiene un límite. Esa es la mayor preocupación para este año”. Mentiras, mentiras la industria de las flores siempre ha sido un muy buen negocio, lo era en 1991 cuando la tasa de cambio era de 693 pesos, lo es más hoy cuando el dólar cuesta 3.900 pesos. Pensar que los empresarios en general presagiaban la debacle, el fin de la economía colombiana porque el dólar superó la barrera de los 5.000 pesos. Palo porque bogas, palo porque no bogas. Quien los entiende?

Las posibilidades de defensa de los operarios son débiles; dado que a esta organización fraudulenta del trabajo se añade la imposición generalizada de los pactos colectivos, que su abuso impide la organización en sindicatos. De nuestras pesquisas en el terreno advertimos que de los 200 mil trabajadores del sector, no hay más de 200 afiliados a las distintas organizaciones sindicales.

Quienes tienen verdaderos problemas de salud son los trabajadores. Las enfermedades están a la orden del día. Un estudio de la Universidad Javeriana concluye que “Los hallazgos de esta investigación son similares a los reportados en otros estudios sobre condiciones laborales y sociosanitarias de trabajadoras de cultivos de flores en otros municipios de la Sabana de Bogotá  y el oriente antioqueño. Todos tienen en común la percepción de que los estándares de rendimiento mediante los cuales se busca producir más en la misma unidad de tiempo, intensificándose la jornada y el ritmo de trabajo sin que el salario aumente, son parte “normal” de ser trabajadora del cultivo”. Hace 30 años la industria ocupaba 25 trabajadores por hectárea, hoy el gremio reporta 14 trabajadores por hectárea. Aunado al hecho que la productividad logra hoy mayor cantidad de flores por hectárea, el nivel de exigencia es mayor para los operarios, posturas forzadas, largas jornadas, sobre carga laboral, cambios abruptos de temperatura, derivando en un listado de enfermedades propias del negocio: intoxicación, dermatitis, problemas osteomusculares, etc.

Según el mismo estudio: “En últimas, el cultivo define los ritmos vitales, esto es, los horarios y jornadas del trabajo; también el tiempo libre, las relaciones familiares y sociales, el trabajo en el hogar y, por supuesto, la salud de las trabajadoras. Una ‘corporalidad femenina enajenada’ de cuerpos envenenados, adoloridos y silenciados

Ante este desolador panorama con Horacio Guaraní “yo traigo el grito herido de mi pueblo no es culpa mía, no es culpa mía si no traigo flores”; canto con Joaquín Sabina “Yo no quiero, sembrar ni compartir; yo no quiero catorce de febrero, ni cumpleaños feliz; Yo no quiero calor de invernadero, Yo no quiero París con aguacero, Ni Venecia sin ti”

Canto con Ismael Serrano

Únete al grito de los cansados

 La vida fue un ensayo hasta ahora, Sal a la calle, salta las olas,

 Brilla en la tarde tu luz de aurora. Que el miedo cambie de bando,

Que el precariado se haga visible, Que no se olviden de tu alegría,

Que la tristeza, si es compartida Se vuelve rabia que cambia vidas

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